SELECCIÓN DEL 40.º ANIVERSARIO
Cuatro décadas de creatividad y artesanía
Serax celebra su 40.º aniversario. Durante las últimas cuatro décadas, numerosos diseñadores de renombre se han unido a la familia creativa de Serax. Sus trayectorias profesionales han contribuido a dar forma a Serax, mientras que Serax, a su vez, ha influido en su manera de entender el diseño. En otras palabras: cuarenta años de intercambio creativo. Para conmemorar este hito, pedimos a algunos de nuestros diseñadores más destacados que reflexionaran sobre los momentos clave de sus trayectorias profesionales.
¿Cómo fue vuestro primer encuentro con Serax?
Kelly Wearstler: «Llevaba años utilizando Serax en mis proyectos. Me encantaban la calidad y la sensibilidad de la marca. Hacía tiempo que quería crear una colección de vajilla, pero para mí era importante encontrar al socio adecuado. Siempre buscamos colaboradores de primer nivel, que destaquen en su categoría. Nuestro equipo se puso en contacto con Serax en Bélgica para saber si estarían interesados en colaborar. Por suerte, así fue».
Vincent Van Duysen: «Todo empezó cuando estaba trabajando en mi primer proyecto hotelero en Amberes, el Hotel August. Para este proyecto queríamos diseñarlo todo: cada detalle se creó a medida para el espacio. Diseñamos una colección completa de exterior, así como una colección de vajilla específicamente para el hotel. Para nosotros era importante que los objetos reflejaran la misma atmósfera que la arquitectura. Así comenzó mi relación con Serax. Desde el principio hubo un entendimiento natural y una sensibilidad compartida por la calidad, los materiales y el diseño atemporal. Lo que comenzó como un proyecto se convirtió rápidamente en un diálogo a largo plazo basado en la confianza y el respeto mutuo».
¿Cuáles fueron los momentos clave de vuestra colaboración con Serax?
Marie Michielssen: «Cuando la producción de las macetas de fresa —y más tarde de los nuevos portavelas— se trasladó a Vietnam, tuve que viajar a Asia para enseñar a los artesanos cómo debían pintarse los objetos. Fue un período intenso, pero muy bonito. Poco a poco, empecé a experimentar con otros materiales y mi trabajo evolucionó de la decoración al diseño. Así fue como empecé a diseñar objetos de hormigón y papel maché, algo que sigo haciendo hoy en día, principalmente para iluminación. La mayor evolución, tanto para mí como para la empresa, fue la incorporación del equipo de producción. Desde entonces, Serax y mis diseños se han profesionalizado mucho más. Ya no tenía que viajar personalmente a Asia, algo que había hecho durante veinte años. Sigo diseñándolo todo en casa; eso nunca ha cambiado. En los últimos años, he entrado en una etapa más intuitiva. La cerámica es ahora mi gran pasión: es aquello con lo que quiero envejecer».
Vincent Van Duysen: «Passe-Partout y August fueron los puntos de partida de nuestra colaboración. Estas dos colecciones marcaron el inicio de un camino compartido. Encarnan los valores que definirían nuestro trabajo conjunto: simplicidad, honestidad en los materiales y un enfoque atemporal de los objetos cotidianos. Con los años, las colecciones han crecido y evolucionado para reflejar mejor la manera en que las personas conviven hoy con los objetos. El enfoque se desplazó gradualmente hacia colecciones más amplias y versátiles que se integran de forma natural en la vida cotidiana. Buenos ejemplos de ello son las colecciones de mobiliario Rudolph y August. Esta evolución ha sido muy orgánica, sin imponer una dirección, simplemente respondiendo a la forma en que las personas utilizan, experimentan y valoran el diseño».
¿Cuál ha sido la experiencia más memorable que habéis vivido en Serax?
Marie Michielssen: «Trabajar para Serax ha sido una gran aventura. Hay un momento que siempre se me ha quedado grabado: cuando tuve que viajar sola a Londres para una reunión en la sede de Liberty. Es una tienda de diseño exclusivo por la que me encantaba pasear. Recorría la ciudad en taxi y me sentía increíblemente orgullosa y feliz. Con el tiempo, esta prestigiosa tienda también empezó a vender mis diseños. Ese momento en el taxi se quedará conmigo para siempre. La primera vez que apareces en una revista también es inolvidable. Fue hace 35 años y me sentí inmensamente orgullosa».
Kelly Wearstler: «Crear mi primera colección de vajilla. Me encanta recibir invitados y siempre estoy pensando en cómo mejorar la experiencia para mi familia y mis amigos, pero poder darle vida junto a Serax fue algo transformador. Ver cómo Zuma y Dune pasaban de ser conceptos a convertirse en realidad, y después continuar con mi primera colección de cerámica para exterior, mi primera incursión en el mundo de las macetas, fue una evolución natural, pero al mismo tiempo un territorio completamente nuevo. Pasar de la mesa a los recipientes para exterior, dos primeras experiencias y ambas con Serax: esa evolución ha sido extraordinaria».
¿De qué diseño de Serax te sientes más orgulloso?
Piet Boon: «Hay una colección que destaca claramente para mí: la colección de vajilla BASE. Los platos actúan como un lienzo en blanco para cada creación, permitiendo que la comida hable por sí misma. Esta colección forma parte de la gama Piet Boon by Serax desde hace diez años y este año incorporamos platos ovalados. Siento que hemos creado algo vivo: atemporal y apreciado en todo el mundo, tanto en los hogares como en los restaurantes. Para un equipo de diseño, ese es el mayor cumplido: ver que un diseño realmente se utiliza y se aprecia».
Pascale Naessens: «La colección Pure. No solo diseñé cerámica de colores; las fotografías también se hicieron en mi casa, en mi entorno natural, en lugar de en un estudio frío. En aquella época, Serax vendía principalmente al sector de la hostelería. Mi colección abrió la puerta a la venta directa al consumidor. Fuimos, en cierto modo, pioneros en el ámbito de la cerámica artesanal, acogedora y natural: una cerámica con una historia auténtica detrás».
Marie Michielssen: «Si realmente tuviera que elegir un solo objeto, sería el sillón Valerie Lounge Chair. Fue mi primer mueble de madera propiamente dicho y un producto especialmente profesional. Más adelante también creé una versión en acero, apta para interiores y exteriores, lo que supuso una nueva forma de pensar. A partir de ese momento, empecé a poner nombres de mujeres a todos mis diseños, porque todavía con demasiada frecuencia permanecen invisibles en el mundo creativo».
¿De qué diseño aprendiste más?
Kelly Wearstler: «De la cerámica para exterior. Trabajar con terracota y gres, y comprender cómo los esmaltes artesanales aplicados a mano se desplazan por las superficies de una manera totalmente orgánica, fue un ejercicio de aprender a soltar el control. Los esmaltes son los verdaderos protagonistas. Se acumulan, se desplazan y crean texturas irrepetibles. Eso no se puede forzar. Hay que confiar en el material y en la mano del artesano».
Vincent Van Duysen: «Passe-Partout fue un proyecto muy importante para mí, porque fue la primera vez que diseñé una colección completa de vajilla. Hasta entonces, mi trabajo se había centrado principalmente en la arquitectura y el mobiliario, así que abordar objetos tan estrechamente vinculados a los rituales cotidianos fue una experiencia nueva. Me enseñó a pensar en la escala, la tactilidad y el uso de una forma muy íntima. Cómo se siente un plato en la mano, cómo se integra un vaso en la mesa, cómo los objetos pasan a formar parte de los momentos cotidianos. Passe-Partout me ayudó a comprender que incluso las piezas más sencillas pueden transmitir una atmósfera muy potente cuando están diseñadas con cuidado e intención».
En pocas palabras: ¿qué es para ti un buen diseño?
Pascale Naessens: «Un buen diseño acompaña la vida y está a su servicio».
Vincent Van Duysen: «Para mí, un buen diseño es discreto, honesto y duradero. No busca llamar la atención. Acompaña la vida en lugar de dominarla».
Marie Michielssen: «Un buen diseño es bello y funcional, y está creado desde el corazón. Resiste el paso del tiempo y es equilibrado, incluso cuando parece caótico».
Kelly Wearstler: «Te hace sentir algo. Estimula todos tus sentidos, no solo la vista. Es bello, sí, pero también tiene alma. Deja ver la mano de quien lo creó. Mejora con el uso y con el paso del tiempo. Cuenta una historia».