Desde hace más de veinte años es Marie Michielssen una de las diseñadoras más influyentes dentro del portafolio de Serax y hoy puede considerarse fácilmente la reina no coronada del diseño intuitivo. La inspiración le llega de todo lo que la rodea. Como una esponja absorbe la belleza que encuentra en el exterior y la transforma en su pequeño y acogedor estudio en piezas de cerámica perfectas en su imperfección.
Su estudio se encuentra justo al lado de la cocina de su casa del siglo dieciséis en Amberes, un lugar que considera modesto y adecuado. «Es una habitación bastante pequeña y resguardada, con un aire de historia gracias al viejo parquet de madera y al techo elegante. Para mí es importante que el ambiente sea agradable y que el espacio esté pensado con atención. Por ejemplo, tengo una lámpara de Muller Van Severen. Aunque su estilo es muy diferente al mío, me inspira. Rodearte de buen diseño te hace mirar tu propio trabajo de otra manera y te impulsa a un nivel superior.»
Marie diseña y crea desde la infancia, a menudo como una forma de escapar de la realidad. «Hacía diminutos muebles para mis muñecas, decoraba sus habitaciones e incluso construía casas de muñecas. En la playa, durante las vacaciones, montaba mi propia tiendita de flores y también hacía yo misma las flores.» Era la niña creativa a la que le encantaba ir a la escuela de arte y que luego estudió diseño gráfico. «Después de graduarme trabajé primero en el sector de los medios. No fue hasta que una amiga me pidió, casi por casualidad, que pintara a mano unas macetas cuando la chispa creativa volvió realmente a encenderse. Me encantó. Las macetas se vendían bien y así empezó todo.»
Su estudio está lleno de objetos de arte llamativos de todo tipo de estilos, recopilados a lo largo de muchos años. La forma intuitiva, espontánea y perfectamente imperfecta es la esencia del trabajo de Marie. Pero qué hace que un objeto sea bello? «Para mí, la belleza empieza cuando las proporciones son correctas. Todo gira en torno al equilibrio, no solo en la forma, sino también en el color y el material. En esa búsqueda constante de proporciones interesantes me encanta experimentar, lo que significa que a veces diseño en estilos muy diferentes.»
«Además de las proporciones correctas, la imperfección es otro ingrediente esencial de la belleza. Cuando ocurren errores durante el proceso de diseño, a veces dejo esas piezas defectuosas en el estudio durante un tiempo y vuelvo a ellas más tarde. Los errores suelen conducir a ideas nuevas e interesantes.»
«Busco belleza constantemente y realmente la busco en todas partes. Cuando entro en una tienda de ropa, me fijo en las piezas más inusuales para ver si puedo encontrar algo bello en la prenda en sí.» Su colección funciona como su biblioteca personal de inspiración. «Son principalmente objetos de arte, pero encuentro inspiración igualmente en los libros de historia o viajando. En la calle tanto como en los museos. Soy una verdadera coleccionista, a diferencia de mi marido. Así que a veces tengo que frenarme un poco.» (ríe)
Entonces, cómo transforma toda esa inspiración en un diseño real? «Dibujo cada día en un cuaderno de bocetos clásico con tapa negra. Los dibujos suelen ser muy toscos. Pero cada diseño se desarrolla completamente a mano, con lápiz y pintura. Finalmente hago maquetas de cartón para estudiar mejor las proporciones.»
«Ningún ordenador interviene jamás en el proceso. Trabajo de manera muy táctil, con las manos. Lo admito, soy una diseñadora a la antigua y me resisto deliberadamente a la digitalización de la profesión.» Con ello forma Marie parte de un movimiento de diseñadores que buscan conscientemente lo terrenal y lo personal. Materiales como la arcilla desempeñan un papel central y cada diseño nace de la imperfección humana. Marie trabaja además siempre desde la intuición, algo que un ordenador todavía no puede reproducir.
Marie pasa horas cada día en su estudio, pero eso no significa que se aísle. «Es un lugar donde mi marido, mis hijos y mis amigos entran libremente, y me encanta esa atmósfera animada. Pasan por allí y dan sus opiniones sin filtro sobre mis diseños. El estudio da a la calle. Cuando abro las ventanas, oigo la ciudad y a la gente que pasa, y eso también me inspira. Vivo en Amberes, una ciudad rica en historia. Los detalles arquitectónicos, las barandillas por ejemplo, pueden ser maravillosamente estimulantes. Lo siento igual en París.»